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miércoles, 12 de noviembre de 2014

El club de los desahuciados

“Tengo una vida… y quiero que valga la pena”

Un cambio en la suerte de Ron Woodroof, jugador, mujeriego, homófobo y drogadicto, aparece después de un chequeo médico tras presentar ciertos malestares. La noticia lo perturba, lo deja desconcertado pues se le ha diagnosticado con VIH, las medicinas que trata al mal del siglo son apenas experimentales y le han dado 30 días de vida.

Dirigida por Jean-Marc Vallée y protagonizada por Matthew McConaughey, Jared Leto, Jennifer Garner y Steve Zahn The Buyers Club fue estrenada en el festival de cine de Toronto el 7 de septiembre de 2013 y llegó a los cines norteamericanos hasta noviembre de ese año. La historia está basada en la vida de Ron Woodroof, quien en 1992 fue sujeto de un extenso reportaje escrito por el periodista Bill Minutaglio para The Dallas Morning News.


El filme es por momentos crudo, emotivo, y goza de una narrativa dramática exquisita. Además contó con dos actores nominados a varios premios y menciones que realmente dieron vida y sustancia a la película; me refiero a Jared Leto quien perdió más de 14 kg para actuar en la película y confesó haber dejado de comer para conseguir su objetivo más rápido. Su peso mínimo llegó a ser de 52 kg. McConaughey, en tanto, bajó 23 kg para interpretar a Woodroof, quien al final de la cinta luce espectralmente delgado.




La crítica especializada aclamó el filme y la respuesta se notó por las numerosas nominaciones y premios que recibió, siendo incluso galardonada por varios círculos de críticos, festivales de cine y asociaciones de críticos. Sin duda alguna es un filme que no pueden perderse. Dejen sus comentarios. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

SUBLIME

Jesús Javier Baquera Heredia

El amor es eterno es complaciente, no conoce la envidia.
No se jacta ni se envanece, no es descortés ni reclama nada como suyo.
No se enoja, no piensa mal.
No se regocija en la injusticia.
Y se complace en la verdad.
Todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera…
Todo.
El amor no entiende de metaplasias, de hiperplasias ni displasias,  no quiere saber de atipias ni de cambios regenerativos.
El amor es neoplásico, de alto grado, autónomo y con innata tendencia a la diseminación virulenta.
No reconoce controles, invade y crea el ambiente necesario para su expansión.
No duda. No remite ante remedio alguno y se han documentado raros casos de regresión espontanea.
No se cura con la ausencia o la distancia.
El amor es atípico, pleomórfico, o como el mío, anaplásico… estoy convencido de que su dimensión es tres veces superior al de los amorcitos (del griego citos= célula) neoplásicos circundantes; que sus abismos son hipercromáticos y que sus formas habituales de multiplicación, bipolares y aburridas, se sustituyen con una inacabable profusión de nuevas y excitantes posiciones, que los demás denominan “atípicas”.
Puede fingir mil caras, pero su instinto fundamental es la replicación, sin importar que conduzca a la necrosis.
Invade sin piedad lo caminos que conducen al corazón, no le importa morir en el ser que le da origen… au contraire… muere con él y por él.

Hay algunos tan bien diferenciados, tan taimados, que saben esperar y diseminarse subrepticiamente… ésos, ésos son tan intensos que podrían minar la resistencia de galaxias enteras.